Ahora el azúcar apunta al negocio del bioetanol

May 29, 2017

Si bien los precios internacionales están relativamente deprimidos, la gran esperanza hoy está en el alcohol anhidro

 

igual que otras varias actividades productivas, también la zafra azucarera se está viendo afectada por las lluvias en este ciclo, lo que atrasó el inicio de su recolección que recién comenzó en estos días, y que hace prever una cosecha apenas algo inferior a la del año pasado, pero ya bien consolidada por encima de los 2 millones de toneladas de azúcar producida.

 

Para compensar, sin embargo, se estima que los precios internos serán relativamente mejores que en 2016, dado que la producción local arroja volúmenes suficientes, tanto en azúcar como en alcohol anhidro para satisfacer los requerimientos, además de una exportación mucho menos exigida que algunos de los ciclos precedentes, en los que debieron colocarse volúmenes muy superiores.

 

Tal vez después de los saladeros y el tasajo, la industria azucarera figure entre las actividades industriales más antiguas de la Argentina, al punto de que uno de los trapiches más antiguos que se conoce, se ubica en Calilegua, Jujuy (hoy en manos de la empresa Ledesma), que perteneció originalmente a los jesuitas.

 

De característica intensiva desde el vamos, la producción de azúcar comprende unos 6.000 cañeros independientes y 20 ingenios azucareros en Tucumán, Salta y Jujuy, aunque también en el norte de Santa Fe y en Corrientes-Misiones aún quedan algunos establecimientos, aunque de muy poco desarrollo industrial en la actualidad.

 

Con algo más de 100.000 toneladas de azúcar al comenzar el siglo XX, tuvieron que transcurrir 70 años para que Argentina lograra superar el millón de toneladas, y otros 45 años más, a partir de 2005, para traspasar los 2 millones de toneladas de azúcar que se logran en la actualidad.

 

Nueva demanda

 

La evolución, sin embargo, no fue fácil debido, en parte, a las grandes inversiones técnicas que exige, en segundo lugar, por el largo flete que afronta el producto a los principales centros de consumo y puertos y, además, por la cantidad de mano de obra que requiere.

 

Aún así, se logró un crecimiento paulatino y consistente cuyo último eslabón fue la incorporación de la caña de azúcar a los biocombustibles, con un porcentaje de "corte" en los tradicionales, lo que agregó una nueva demanda, tanto en el plano local como en el internacional, que terminó de consolidar las posibilidades de la actividad.

 

De tal forma, y aunque el mercado internacional de azúcar está relativamente deprimido debido a los abultados stocks internacionales (que llevaron el precio de 22-23 centavos de u$s por libra, a 15-16 en la actualidad), el mercado local parece presentar algo más de defensa.

 

Por un lado, porque la demanda "física" del consumo doméstico es bastante inelástica, manteniéndose en alrededor de 40% del total producido. No ocurre lo mismo con la demanda "industrial", especialmente para bebidas dulces y gaseosas que, como otros varios productos de la canasta alimenticia local, están mostrando un debilitamiento marcado del consumo.

 

Aun así, el hecho de no tener una cosecha tan abultada, y de haber liquidado buena parte de los stocks remanentes que había hasta el año pasado, brindan un cierto soporte al mercado, cuyo panorama se completa con el incremento de 2 puntos en el porcentaje de corte de bioetanol, ahora en 12 puntos, compartidos por partes iguales con el maíz (6 para cada uno), lo que también descomprime los volúmenes de exportación, dando solidez equilibrada a la plaza.

 

Es que con una cosecha entre similar o ligeramente por debajo de la anterior (debido a la seca de fin de año, y a los excesos hídricos de las últimas semanas), los números actuales resultan más "manejables" al haberse bajado la exportación de las abultadas 600.000 toneladas (2016), con un stock razonable de algo más de un mes, y con un mercado interno estable para el consumo, aunque relativamente débil para la industria (bebidas y otros alimentos).

 

Con este escenario, el gran factor determinante y el que inclina la balanza, termina siendo el novedoso alcohol anhidro, o bioetanol de caña que ostenta la proyección más sólida. Y esto, no solo por la incorporación al "corte", y por el reciente incremento de otros 2 puntos, sino porque aún la Argentina se presenta como deficitaria en combustibles y las posibilidades de agregado de biocombustibles a los convencionales todavía es muy alta. Tanto es así que mientras la Argentina recién alcanza ahora los 12 puntos de corte, en Brasil el porcentaje asciende al 27,5%.

 

Este mercado, a su vez, presenta muchas menos restricciones a nivel mundial que la propia azúcar, lo que también constituye un atractivo adicional.

 

Así, con indicadores productivos muy buenos, la Argentina muestra un potencial interesante en este rubro, aunque debe aún trabajar en el abaratamiento de los costos logísticos (son de alrededor del doble que en Brasil) y en bajar los muy altos costos laborales e impositivos que restan competitividad a la actividad, lo que aseguraría su proyección creciente en el tiempo.

 

 

 

 

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